En este momento estás viendo Autoestima vs. Autocompasión

Autoestima vs. Autocompasión

El deseo de sentirnos aptos y valiosos es natural, ya que se relaciona con nuestra capacidad de supervivencia. Cuanto más aceptados y respetados eran nuestros ancestros en su comunidad  más probabilidades tenian de subsistir y procrear. Hoy en día los peligros que nos acechan han cambiado, pero el miedo a ser excluido sigue muy activo. Este es uno de los motivos por los que nos empeñamos en alcanzar estándares marcados socialmente aunque nada tengan que ver con nuestra realidad y valores.  

Vivimos en una sociedad en la que se enaltece el individualísmo y en la que se cultiva la importancia personal. Este escenario es el caldo de cultivo perfecto para que florezca el narcisismo, la violencia, la discriminación, los prejuicios y los extremismos que nos llevan a la división interna, al aislamiento del otro y a la fricción social.

Existe una larga lista de “hay que” para ser aceptado y, en última instancia, querido. Pareciera que hoy todos tenemos que ser líderes, carismáticos, estar en forma, ser exitosos y, por supuesto, siempre sonreír. Lo malo es que, a menudo, falta algo para alcanzar aquello de «suficientemente bueno » Es el reinado del parecer en detrimento del ser, lo que aboca a muchos a desconectarse de la propia realidad interna para mantener una imagen deseable ante si mismos y ante los demás.

Autoestima = éxitos conseguidos / expectativas de éxito

Como resultado, nos pasamos la vida autoevaluándonos para ver si hemos llegado a esos estándares. Intentamos  ser especiales, olvidándonos que ya somos únicos, y estar por encima de la media como condición para ser felices. Entonces, cuando el resultado de la autoevaluación no es positivo u otros nos reflejan que no somos tan “top” como quisiéramos creer, llega la frustración, se pone en marcha la autocrítica y entonces la autoestima cae en picado.

No es de sorprender pues se nos enseña que siendo mejores que el otro nos aseguramos nuestro derecho a ser amados y respetados. En consecuencia, buscamos un lugar entre los “mejores” y hacemos lo que sea para proteger nuestro preciado ego, nuestra autoimagen ideal. Esto nos consume energía a raudales y nos deja ciegos para ver con claridad a los demás y a nosotros mismos

Como no queremos enfrentarnos a nuestros defectos y límitaciones, los proyectamos en los demás y les culpamos. Así es como tratamos de mantener el ego a salvo. Sin embargo, no es posible tener siempre la autoestima alta ni tampoco podemos estar siempre por encima de la media. Esto lo sabemos con la razón, pero en la práctica seguimos angustiándonos en exceso cuando contactamos con esta realidad esencial. Seguir así solo hará que crezca nuestra ansiedad a la par que las arcas de las farmacéuticas.

Es una rueda de insatisfacción que nunca termina; cuando conseguimos una cosa nos fijamos inmediatamente la que nos falta, cuando creemos haber conseguido algo encontramos a alguien que también lo ha hecho pero más y mejor. ¿Entonces cómo salir de esta rueda? ¿Hay alguna alternativa? Por lo anteriormente descrito, la psicología está dejando de considerar la autoestima como un indicador fiable de buena salud mental mientras que la alternativa que se atisba en el horizonte es la autocompasión.

La autocompasión nos permite liberar los recursos y energía que dedicamos a mantener a toda costa esa autoimagen ideal. Es la capacidad de entender, empatizar y compadecernos de nuestro propio sufrimiento para poner en marcha las acciones que nos permitan aliviarlo. Nos pide acción pero también aceptación y suavidad cuando no está en nuestras manos cambiar las cosas. Pero, ¿lo hacemos?

Lo habitual es que no. Más bien solemos tratarnos de manera terrible, como no haríamos ni con un enemigo. Esto, además de doloroso, no nos sirve de nada. No nos convertimos en mejores personas por el hecho de maltratarnos, ni tampoco nos libera de la responsabilidad de nuestros errores. Al contrario, nos llena de inseguridad y ansiedad que vertimos en forma de rabia y frustración en quienes tenemos cerca.

Necesitamos abrir la mente a los hechos y admitir con el corazón que todos fallamos, tenemos limitaciones y habrá cosas que no conseguiremos. Esto es la experiencia humana compartida; nos interconecta y nos hace a todos iguales. No es motivo de vergüenza ni de crítica. Es una vía directa para abrir nuestro corazón a la compasión. No merecemos fustigarnos por cada error cometido para poder avanzar en la vida

Entonces, ¿cómo lo hacemos?

Si queremos salir de esta rueda tenemos que aceptarnos total y amorosamente. El primer paso es darnos cuenta de hasta qué punto nos criticamos y juzgamos, y entonces dejar de hacerlo. Es necesario tomar conciencia de la locura que supone esperar que la vida sea perfecta. A pesar de que miremos otras vidas y así nos lo parezca, no es real. Deja de engañarte, el término perfección no es aplicable a la vida ni a ninguno de nosotros.

Puedes empezar a tratarte como a un buen amigo, como a alguien realmente querido. ¿Te imaginas decirle a quien te confía un problema lo idiota que es? ¿Lo mal que ha hecho las cosas? No lo harías porque sabes que es cruel y además no volvería a confiar en ti. Ésto que no le harías a otro, te lo haces a ti con más frecuencia de la que piensas. Y esto es, precisamente, lo que tienes que dejar de hacerte.

Necesitas tener la mejor relación que puedas contigo, necesitas poder confiar en ti en los peores momentos, necesitas generar calma interna para disfrutar lo disfrutable de la vida. No tienes que esperar a ser nada para ser amable con tu niño/a, adolescente, adulto/a o anciano/a interior.  No importa cómo seas. Deja de compararte con otros y compárate solo con tu yo de ayer. Pregúntate qué puedes hacer para mejorar y aplaude cada pequeño paso que des en esa dirección. Solo tú sabes cuánto te cuesta.

Si estás sufriendo, reconócetelo. Cuando tengas un mal día, date consuelo. Cuando tengas una pérdida procúrate cuidados. Si no has conseguido aquello que anhelabas, felicítate por haberlo intentado. Si alguien no te trata bien, aléjate de esa persona. Ten compasión de tu yo sufriente y cuidate de forma amorosa. Si buscas dentro de ti tarde o temprano verás que ese amor esta ahí, en lo más profundo de ti, esperándote.

Ángela Lavarías

Psicóloga licenciada especialista en Mindfulness. Consulta sobre ansiedad, estrés, depresión, autoestima, estilos de apego, autoamabilidad

Deja una respuesta


El periodo de verificación de reCAPTCHA ha caducado. Por favor, recarga la página.