En este momento estás viendo 10 señales de que estás con un/a narcisista

10 señales de que estás con un/a narcisista

En los ultimos años la palabra narcisista se ha vuelto habitual en la prensa, redes sociales y conversaciones cotidianas. Ha pasado de ser un término usado en ámbitos clínicos a ser una etiqueta que se utiliza, incluso con demasiada ligereza, para referirse a los ex, los jefes o esas personas que por algún motivo nos han hecho daño.

¿Pero qué es un narcisista?

La definición clínica de este trastorno hace referencia a personas que tienen sentimientos de importancia y grandiosidad, fantasías de éxito y poder, necesidad exhibicionista de atención, manifiestan su sensación de “estar en su derecho”  y sacan provecho de las personas para sus propios fines. Además se caracterizan por ser profundamente egoístas, sin empatía y con tendencia a mentir, traicionar y manipular.
 

La intensidad de estos rasgos varía a lo largo de un continuo que va desde narcisismo sano, que todos tenemos y que nos lleva a sentir que valemos la pena, hasta el trastorno clínico en el que la persona que lo sufre ve dificultada su capacidad de adaptarse a la vida e incluso puede llevarle a cometer pequeños delitos por creerse “con derecho” a hacer lo que le apetece.

Podemos distinguir dos grandes subgrupos: El narcisista manifiesto; aquel que se autoensalza abiertamente mientras critica a los demás por considerarlos inferiores, y el narcisista encubierto; aquel que no muestra rasgos manifiestos, sino que incluso los cubre y los disfraza de cualidades valoradas socialmente.

Éstos últimos son los más difíciles de detectar y por lo tanto, potencialmente más peligrosos ya que su comportamiento es más insidioso. Afortunadamente, cada vez hay más información disponible para ayudarnos a detectar a las personas con estos rasgos y evitar así que nos manipulen y abusen emocionalmente de nosotros

Si sabemos detectarlos podemos protegernos

Sin embargo, y a pesar de que la investigación acerca de este trastorno de la personalidad sigue en aumento, los diferentes autores no han coincidido siempre en qué rasgos son suficientes y necesarios para definirlo. Tampoco en si uno nace o se hace, o en si hay más prevalencia en hombres o mujeres.

Hoy en día podemos informarnos, por ejemplo, a través de libros, documentales o internet, donde incluso encontraremos testimonios de quienes ha vivido este tipo de relaciones tóxicas. Pero aún con toda esta información muchas veces resulta difícil saber si nosotros mismos estamos en una relación, del tipo que sea, con un narcisista.

Según mi experiencia la clave para saberlo se encuentra en uno mismo. Es necesario mirar adentro para distinguir lo propio de lo ajeno, admitir nuestra responsabilidad  e iniciar las acciones que nos saquen del pozo y nos pongan a salvo. Estas son algunas de las cosas en las que coinciden quiénes han pasado por ello y que podrás observar en ti:

  1. Ya no sabes quién eres pero sabes que no eras así. Ya no te llena lo que te gustaba, lo que te motivaba y lo que antes te hacía ilusión. Solo sientes un vacío que no puedes explicar.
  2. Tu mente siempre está ocupada en cómo mejorar la relación. Pones atención, te esfuerzas por evitar discutir y tratas de hablar de los problemas que tenéis, pero no hay mejoras o estas no son estables.
  3. Vas con mucho cuidado de lo que dices o haces delante de esa persona porque con frecuencia sientes que lo que te devuelve en vuestras interaciones es crítica.
  4. Sientes que nunca eres suficiente. Hagas lo que hagas difícilmente obtienes su reconocimiento y admiración sinceros. Sin embargo, sí lo obtienes de otras personas cercanas por las mismas cosas.
  5. Tienes más miedos e inseguridades que nunca y no sabes por qué. Es como si el miedo se te hubiese metido en las entrañas, te sientes muy vulnerable. A veces hasta te cuesta hacer cosas cotidianas.
  6. Te falta la alegría y espontaneidad. Es como si te faltara energía o de alguna manera te estuvieras apagando.
  7. A pesar de que hay cosas que hace el otro que te duelen, le quitas importancia y normalizas lo anormal excusándole de su comportamiento mientras diriges las críticas hacia ti.
  8. Experimentas síntomas físicos, como pueden ser dermatitis, pérdidas de orina, cefaleas, problemas intestinales, inflamaciones, contracturas, sin un origen claro. Ni siquiera el médico sabe bien qué te ocurre.
  9. Hay mucho de ti que no puedes expresar porque cuando has intentado compartirlo solo has sentido desinterés o censura. Esto te ha llevado a excluir estos aspectos de las conversaciones y pasatiempos que compartís.
  10. Tus tripas te dicen que no puedes fiarte de esa persona pero no podrías señalar exactamente el por qué. Tienes mucha confusión mental porque todo es aparentemente normal pero no lo sientes así.

Recuerda que esto es solo a modo orientativo y no debes tomarlo como una prueba inequívoca. Este tipo de abuso es un tema muy complejo y cuando se dan este tipo de relaciones hay que explorar una serie de factores que excederían el objetivo de este artículo.

Si te has reconocido en la mayoría de éstos puntos consulta a un profesional especializado que pueda ayudarte a entender qué te pasa. El viaje de vuelta a ti puede ser duro, pero seguro valdrá mucho la pena.

Ángela Lavarías

Psicóloga licenciada especialista en Mindfulness. Consulta sobre ansiedad, estrés, depresión, autoestima, estilos de apego, autoamabilidad

Deja una respuesta


El periodo de verificación de reCAPTCHA ha caducado. Por favor, recarga la página.